Escena de casino de Cartier-Bresson

Los juegos de azar a través de la mirada de los fotógrafos: de Henri Cartier-Bresson al archivo de Las Vegas

Los juegos de azar han ofrecido a los fotógrafos un tema especialmente rico, porque un casino contiene mucho más que juegos, fichas y dinero. Alrededor de una sola mesa, una cámara puede registrar concentración, impaciencia, confianza, decepción, aburrimiento y los pequeños rituales que las personas adoptan cuando el azar escapa a su control. Al mismo tiempo, las fotografías de casinos han contribuido a construir la imagen pública de lugares como Las Vegas, convirtiendo los letreros de neón, las salas de juego abarrotadas y los visitantes elegantemente vestidos en símbolos visuales de toda una ciudad. Observar la fotografía relacionada con el juego desde la década de 1940 significa, por tanto, contemplar dos historias a la vez: la experiencia privada de quienes asumen riesgos y la imagen pública creada en torno a la cultura del casino. Henri Cartier-Bresson, Robert Frank, los fotógrafos de la revista LIFE y varias generaciones de autores que retrataron Las Vegas abordaron este tema de formas muy distintas. Sus fotografías, junto con las extensas colecciones que hoy se conservan en Nevada, permiten ver cómo el juego pasó de ser una actividad social relativamente íntima a convertirse en una parte cuidadosamente presentada del turismo y el entretenimiento de masas.

Cuando el casino se convirtió en un tema de la fotografía documental

Uno de los ejemplos tempranos más llamativos es el trabajo que Henri Cartier-Bresson realizó en Las Vegas en 1947. Una fotografía conservada y habitualmente identificada como Las Vegas (3 people at gambling wheel) muestra a tres jugadores alrededor de una mesa, con la ruleta ocupando buena parte del primer plano. No existe ningún intento de presentar la escena como una celebración de la riqueza. Los elementos más importantes son los propios jugadores: sus miradas dirigidas hacia abajo, la proximidad física a la mesa y la pausa previa a conocer el resultado. Cartier-Bresson fotografió Las Vegas en un momento especialmente revelador. Nevada había vuelto a legalizar el juego en 1931, pero la ciudad de 1947 todavía estaba muy lejos de la enorme zona de complejos turísticos conocida en la actualidad. El Flamingo apenas comenzaba su trayectoria, Fremont Street seguía siendo uno de los principales núcleos de actividad de los casinos y gran parte de la identidad visual que posteriormente se asociaría con Las Vegas aún estaba tomando forma. Por ello, la fotografía muestra el juego antes de que la imagen de los casinos de la ciudad quedara completamente vinculada al espectáculo a gran escala.

El enfoque de Cartier-Bresson resulta importante porque le interesaba el comportamiento humano más que elaborar un catálogo de atracciones de casino. Sus fotografías suelen depender de una relación fugaz entre gesto, expresión y entorno. Su célebre libro Images à la Sauvette, publicado en Francia en 1952 y conocido en su edición estadounidense como The Decisive Moment, terminó dando nombre a esta forma de entender la fotografía. En la escena de juego de Las Vegas, el momento importante no es necesariamente el instante en que alguien gana o pierde. Lo esencial es el periodo de incertidumbre inmediatamente anterior al resultado. El dinero ya se ha apostado, la rueda está girando o a punto de hacerlo y las personas que aparecen en el encuadre apenas pueden hacer otra cosa que observar. Esto permite comprender la fotografía incluso a alguien que no tenga interés en los juegos de casino. Su verdadero tema es la expectación, una de las emociones más básicas que aparecen cuando una persona entrega voluntariamente al azar el control sobre un resultado.

La fotografía también demuestra que un casino puede generar escenas sociales extraordinariamente concentradas. Personas que quizá no tengan ninguna relación fuera de la sala permanecen sentadas o de pie a pocos centímetros unas de otras, siguiendo la misma rueda mientras esperan resultados diferentes. Las fichas sustituyen al dinero corriente, unas reglas formales controlan cada acción y emociones que normalmente permanecerían en privado se hacen visibles en público. Un fotógrafo no necesita conocer el valor de cada apuesta para registrar estas relaciones. Una mano apoyada junto a una pila de fichas, un jugador inclinándose hacia la mesa o una persona observando la apuesta de otra pueden explicar mejor la experiencia que una imagen repleta de elementos publicitarios del casino. Esta diferencia sigue siendo importante al analizar hoy la fotografía histórica del juego. Las imágenes más informativas no siempre son las que muestran las salas más grandes o las luces más intensas, sino aquellas que conservan pequeños fragmentos de comportamiento que, de otro modo, se habrían perdido: hacia dónde miraban las personas, cómo se agrupaban alrededor de una mesa y cómo reaccionaban físicamente mientras esperaban un resultado incierto.

Henri Cartier-Bresson y la tensión silenciosa alrededor de la mesa de juego

La fotografía de Las Vegas de Cartier-Bresson resulta especialmente valiosa porque las personas no parecen estar actuando para la cámara. La mujer situada en el centro está absorta en la mesa y no en el fotógrafo, mientras que las figuras que la rodean mantienen su atención sobre el juego. Esto produce una impresión muy diferente de la que transmite una fotografía publicitaria preparada de antemano. En lugar de decir al espectador que el juego es glamuroso, la imagen permite observar hasta qué punto ocupa la atención de las personas. La diferencia es sutil, pero importante. Una fotografía creada para publicidad suele tener un mensaje claro que transmitir, mientras que una imagen de observación puede dejar preguntas sin respuesta. No sabemos si estos jugadores son visitantes habituales o turistas, si sus apuestas son grandes o pequeñas, ni qué sucede después de que se dispare el obturador. La ausencia de esa información no constituye una debilidad. Mantiene la fotografía centrada en una breve situación humana, en lugar de convertir a tres individuos en simples ilustraciones de una historia predeterminada sobre el juego.

También existe un contraste interesante entre el orden visual de la fotografía y la incertidumbre de la actividad que representa. La ruleta es circular y precisa. Las fichas están colocadas siguiendo unas reglas. La mesa dispone de áreas de apuesta definidas y el juego sigue una secuencia conocida. Sin embargo, el resultado continúa siendo impredecible para quienes han realizado las apuestas. Esa oposición entre orden y azar aparece repetidamente en las fotografías de casino más logradas. La sala puede estar cuidadosamente diseñada, el crupier puede seguir un procedimiento estricto y cada objeto puede ocupar un lugar determinado, pero nada de ello ofrece al jugador control sobre un resultado aleatorio. Cartier-Bresson no necesitó explicar técnicamente la probabilidad para hacer visible esta idea. Al concentrar la atención en los rostros, las manos y la propia ruleta, la fotografía convierte un concepto abstracto sobre el azar en algo físico. El espectador comprende que esas personas esperan algo importante para ellas, incluso sin saber el valor o la posición exacta de sus apuestas.

La presencia continuada de este trabajo sobre Las Vegas en importantes colecciones fotográficas también lo diferencia de las innumerables imágenes de casinos creadas únicamente para un uso comercial inmediato. El International Center of Photography cataloga una fotografía de Cartier-Bresson titulada Las Vegas, fechada en 1947, mientras que Christie’s ha presentado otra copia vintage de ese mismo año en la que aparecen tres personas junto a una rueda de juego. Estos registros sitúan la imagen dentro del trabajo más amplio que Cartier-Bresson realizó en Estados Unidos, en lugar de considerarla una simple curiosidad aislada. Ese contexto resulta importante. Durante el mismo periodo fotografió escritores, calles, acontecimientos políticos y escenas de la vida cotidiana. Una mesa de juego era, por tanto, otro lugar en el que las personas se revelaban a través de sus gestos y su atención. Vista de esta manera, la escena del casino resulta menos exótica. Se convierte en un entorno social donde emociones conocidas —expectación, prudencia, curiosidad y decepción— adquieren una intensidad especial debido a la presencia del dinero y del azar.

Robert Frank, LIFE y una imagen menos romántica del juego

A mediados de la década de 1950, los fotógrafos documentaban los juegos de azar justo cuando Las Vegas se estaba convirtiendo en un símbolo nacional. Robert Frank abordó el tema con un lenguaje visual muy diferente al de las imágenes pulidas que habitualmente se asociaban con la ciudad. La National Gallery of Art conserva su fotografía de 1955 Gambling—Nevada, y las escenas de casino también forman parte de la secuencia visual vinculada a su influyente libro The Americans. En la obra de Frank, el juego forma parte de una observación mucho más amplia de la sociedad estadounidense y no aparece como una forma de entretenimiento aislada y colorida. Automóviles, cafeterías, carreteras, símbolos políticos, máquinas de discos, restaurantes y personas que esperan o viajan contribuyen a una misma imagen del país. El jugador de casino se integra así en una historia más amplia sobre esperanza, dinero, movimiento y distancia social. Este enfoque redujo la separación entre el entorno supuestamente extraordinario del juego y la experiencia cotidiana de la sociedad estadounidense de la posguerra.

Frank no fue el único fotógrafo importante que dirigió su cámara hacia las salas de juego de Nevada. Los fotógrafos de LIFE ya habían creado extensos registros visuales de Las Vegas. Peter Stackpole fotografió el juego allí en 1942, mientras que Loomis Dean realizó en 1955 uno de los testimonios fotográficos más conocidos sobre la rápida expansión de la ciudad. El trabajo de Dean resulta especialmente útil porque incluye escenas que contradicen la imagen habitual de casinos siempre llenos y prósperos. LIFE conservó fotografías de crupieres situados detrás de tranquilas mesas de ruleta en el Dunes, recién inaugurado, donde la actividad era inferior a la esperada apenas unas semanas después de la apertura. Otras imágenes muestran interiores de casinos, obras de construcción, hoteles, piscinas y la ciudad desértica que los rodeaba. En conjunto, recuerdan que el célebre auge de Las Vegas a mediados del siglo XX no fue una historia de éxito continuo. Las nuevas propiedades implicaban enormes riesgos financieros, el número de visitantes podía quedar por debajo de las previsiones y el futuro de la ciudad no era tan evidente para quienes vivían aquella época como puede parecer ahora en retrospectiva.

Estos fotógrafos también muestran por qué importa la identidad de la persona situada detrás de la cámara. Un casino puede parecer completamente diferente dependiendo de si el fotógrafo trabaja como observador independiente, cumple un encargo para una revista o crea material publicitario para un establecimiento. Los objetos de la sala pueden seguir siendo los mismos —mesas, cartas, dados, fichas y luces—, pero las prioridades visuales cambian. Una imagen publicitaria puede centrarse en mesas llenas, visitantes elegantes e interiores impresionantes. Un fotógrafo de revista puede elegir un rincón vacío, un empleado cansado o una pausa incómoda. Un documentalista puede ignorar casi por completo la arquitectura y concentrarse en un solo rostro. Ninguno de estos enfoques cuenta automáticamente toda la verdad. Cada uno registra una parte seleccionada de lo que estaba presente. Por esta razón, la fotografía histórica de casinos resulta mucho más útil cuando se comparan imágenes de distintos autores y encargos, en lugar de tratarlas como ilustraciones equivalentes del pasado.

Lo que los fotógrafos encontraron más allá de ganar y perder

Observar estas fotografías con atención cambia el significado de una sala de casino. Las descripciones populares suelen reducir el juego a dos resultados —ganar o perder—, pero las fotografías conservan todo lo que sucede entre ambos. Las personas esperan a los crupieres, calculan qué hacer después, observan a desconocidos, hablan con sus acompañantes, piden bebidas, pasan de una mesa a otra o simplemente permanecen sentadas sin jugar. Los empleados realizan tareas repetitivas rodeados por la excitación de otras personas. Los crupieres organizan las fichas, controlan el ritmo de la partida y mantienen una actitud profesional independientemente del resultado. Una fotografía también puede registrar la distancia física entre espectadores y jugadores, la manera en que hombres y mujeres se vestían para salir por la noche y hasta qué punto el entretenimiento del casino estaba integrado con restaurantes, bares, habitaciones de hotel y espectáculos en directo. Estos detalles tienen valor histórico precisamente porque en su momento eran demasiado cotidianos para recibir mucha atención en los relatos escritos.

El contraste entre excitación y aburrimiento resulta especialmente revelador. Los casinos funcionan mediante acontecimientos que se repiten, y la repetición genera inevitablemente intervalos tranquilos. Una ruleta debe prepararse de nuevo. Las cartas tienen que volver a repartirse. Las fichas deben recogerse y pagarse. Los jugadores se detienen antes de decidir si continúan. Fotógrafos como Frank y Dean pudieron utilizar estos intervalos para cuestionar la idea de que cada segundo dentro de un casino era dramático. En algunas imágenes, las personas parecen intensamente concentradas; en otras, los empleados esperan clientes o los visitantes parecen desconectados de la actividad que los rodea. Ambos estados forman parte del mismo entorno. Esta es una de las razones por las que las fotografías históricas pueden resultar más informativas que las ilustraciones idealizadas creadas posteriormente. Conservan contradicciones. Las Vegas puede parecer concurrida y solitaria, lujosa e inacabada, segura de sí misma y financieramente incierta, en ocasiones dentro de fotografías tomadas durante el mismo año.

La fotografía también permite apreciar hasta qué punto el juego depende de espacios diseñados para dirigir la atención. Los primeros interiores de casino solían ser más pequeños y menos elaborados que las enormes salas que se hicieron habituales en décadas posteriores, pero muchos principios conocidos ya estaban presentes. Las mesas de juego creaban círculos naturales de espectadores, la iluminación ayudaba a separar las zonas activas del resto de la sala y los crupieres ocupaban posiciones claramente definidas. La fotografía exterior añadía otra dimensión. Los letreros de Fremont Street y, posteriormente, los grandes rótulos junto a las carreteras del Strip competían por captar la atención mucho antes de que el visitante entrara en un casino. Cuando estas imágenes exteriores e interiores se observan en conjunto, el juego aparece como parte de una experiencia visual continua y no como una única actividad desarrollada en una mesa. El visitante encuentra primero promesas a través de la arquitectura y la iluminación, y después entra en un interior controlado donde la atención visual se desplaza hacia los juegos, las personas y el dinero. Los fotógrafos documentaron esa transición incluso cuando no era el tema explícito de sus encargos.

Escena de casino de Cartier-Bresson

El archivo de Las Vegas y la construcción de una imagen del casino

La historia fotográfica de Las Vegas es excepcionalmente extensa porque la ciudad no solo atrajo a fotógrafos: las organizaciones locales también la documentaron deliberadamente a gran escala. El actual archivo de la LVCVA sitúa el origen de su colección en 1947 y señala que conserva alrededor de 7,5 millones de imágenes, además de casi medio millón de registros audiovisuales. El origen de estos fondos es importante para comprender qué representan esas fotografías. La colección surgió a partir de los esfuerzos de la Cámara de Comercio de Las Vegas por promocionar el sur de Nevada y aumentar el turismo. Los fotógrafos registraron hoteles, artistas, celebridades, acontecimientos deportivos, piscinas, calles y escenas de casino porque las imágenes eran esenciales para transmitir una determinada idea de Las Vegas a públicos de otros lugares. El resultado constituye un extraordinario registro histórico, pero también es un archivo creado con una finalidad concreta. Muchas fotografías pretendían hacer atractivo el destino. Su valor documental es considerable, aunque su origen promocional debe seguir formando parte de su interpretación.

Los archivos universitarios constituyen otra fuente fundamental. UNLV Special Collections and Archives conserva abundante material relacionado con los juegos de azar, incluidas fotografías, manuscritos, documentos de establecimientos, material promocional e historias orales. Su colección fotográfica del Sands Hotel, que abarca aproximadamente desde 1952 hasta 1980, incluye artistas, clientes del casino, empleados, eventos e instalaciones del hotel. Otros archivos de relaciones públicas del Sands conservan fotografías junto con comunicados de prensa, folletos, recortes y documentación interna vinculada a labores de publicidad y promoción. Esta combinación resulta especialmente útil porque permite a los investigadores estudiar no solo una fotografía terminada, sino también el contexto empresarial en el que se produjo y distribuyó. Una imagen de una celebridad junto a una mesa de juego, por ejemplo, puede interpretarse de manera muy diferente cuando se entiende como parte de una campaña publicitaria y no como documentación espontánea. El archivo no reduce el valor de la fotografía; proporciona al espectador más información sobre las razones por las que esa imagen existe.

El registro de los archivos también se extiende mucho más allá de las fotografías más conocidas de las décadas de 1950 y 1960. Las colecciones contienen materiales relacionados con casinos desaparecidos, edificios remodelados hasta quedar irreconocibles, programas de entretenimiento que solo duraron una temporada y zonas de trabajo que rara vez permanecieron en la memoria de los visitantes. UNLV continúa prestando atención a esta historia visual. En 2026, la universidad destacó la colección fotográfica de Robert Scott Hooper y señaló cómo más de cuatro décadas de su trabajo contribuyeron a configurar la imagen de Las Vegas mediante revistas, periódicos, programas de espectáculos, vallas publicitarias, postales y otros usos. Estas colecciones demuestran que la identidad visual de la ciudad no fue creada por un único fotógrafo famoso ni por una sola década célebre. Se acumuló mediante millones de imágenes producidas para el periodismo, el turismo, clientes comerciales, colecciones privadas y documentación histórica. La imagen familiar de Las Vegas no es, por tanto, una única fotografía, sino el resultado de un largo proceso de selección y repetición.

Cómo interpretar las fotografías históricas de casinos en 2026

Una forma útil de interpretar una antigua fotografía de casino consiste en comenzar por la información que queda fuera del encuadre. La fecha, el fotógrafo, el cliente original y la colección de procedencia pueden cambiar considerablemente su significado. Una imagen de la década de 1950 encargada por el departamento de publicidad de un hotel fue creada en condiciones diferentes a una fotografía realizada para un reportaje independiente. Una fotografía de prensa distribuida internacionalmente pudo seleccionarse porque respaldaba una determinada historia sobre prosperidad, celebridades o novedad. Un negativo no publicado del mismo encargo puede mostrar algo mucho menos cuidado. Incluso el pie de foto merece atención, porque las descripciones históricas a veces contienen suposiciones o lenguaje promocional que hoy no deberían repetirse automáticamente como hechos. Archivos como los gestionados por UNLV y la LVCVA son valiosos en parte porque sus registros de catálogo ayudan a volver a relacionar las imágenes con fechas, colecciones y organizaciones, información que puede desaparecer cuando las fotografías antiguas se reproducen por internet sin contexto.

El segundo paso consiste en considerar qué incluyó el fotógrafo y qué quedó fuera del encuadre. Una mesa llena de jugadores puede sugerir un casino concurrido, pero no demuestra que todo el establecimiento estuviera lleno. Una fotografía de una celebridad jugando a las cartas puede documentar una visita real y, al mismo tiempo, funcionar como publicidad organizada. Una fachada glamurosa fotografiada de noche aporta mucha información sobre la iluminación y la arquitectura, pero prácticamente nada sobre la experiencia económica de las personas que se encuentran dentro. La misma cautela debe aplicarse en sentido contrario: un jugador cansado no puede representar a todos los visitantes. Una interpretación histórica sólida surge de comparar imágenes en lugar de obligar a una sola fotografía a ofrecer una explicación completa. Las fotografías de casinos se vuelven especialmente informativas cuando las escenas interiores se analizan junto con imágenes de las calles, registros de hoteles, periodismo de la época y trabajos realizados por fotógrafos que tenían diferentes motivos para estar allí.

Por último, la fotografía relacionada con los juegos de azar resulta más útil cuando las personas retratadas siguen siendo tratadas como personas y no como símbolos del éxito o del fracaso. Una cámara no puede indicar si alguien desarrolló un problema con el juego, si una apuesta concreta era asumible para esa persona o si alguien fotografiado sonriendo terminó marchándose con más o menos dinero. Afirmaciones de ese tipo requieren pruebas que una imagen por sí sola no puede proporcionar. Lo que la fotografía sí puede hacer excepcionalmente bien es conservar comportamientos, ambientes y lugares. Cartier-Bresson muestra la concentración alrededor de una rueda de juego en 1947. Robert Frank sitúa el juego dentro de una visión más compleja de la sociedad estadounidense. Los fotógrafos de LIFE registran tanto la confianza como la incertidumbre del auge de los casinos en la década de 1950. Los archivos de Las Vegas conservan la construcción deliberada de la imagen pública de la ciudad junto con innumerables detalles que han sobrevivido a los edificios y negocios originales. Observadas en conjunto desde 2026, estas fotografías convierten la historia del juego en historia social: un registro de cómo las personas miraban, esperaban, trabajaban, hacían publicidad, se entretenían y reaccionaban ante el azar en lugares construidos alrededor de él.